Reflexiones

Lanzar las redes

Muchos de nosotros somos un tanto inflexibles con nuestros hábitos establecidos. Muchas veces una rutina fija nos delata, pues siempre hacemos lo mismo. No nos gusta desviarnos de nuestra rutina y cualquier interrupción nos deja desorientados algunos días y, sin duda, malhumorados en otros.

La rutina puede ser buena, pero a veces puede convertirse en un atolladero que nos impide vivir la vida plena que Dios desea para nosotros.

Un atolladero puede ser cualquier cosa, desde un mal hábito hasta el abandono o la negligencia. Una rutina se convierte en un atolladero cuando no podemos imaginar otra manera de hacer algo – ya sea la manera de comenzar o terminar un día, otra forma de responder a una situación específica en nuestra vida, otra forma de hacer frente a un desafío o dificultad.

Al reflexionar cómo salir de los atolladeros, pensemos en la historia de Pedro, Tomás, Natanael y los otros discípulos que estaban pescando en el Mar de Galilea, según el evangelio de Juan 21. Las escrituras dicen: “se embarcaron, pero esa noche no capturaron nada”. (v.3 NVI). De pie en la orilla, Jesús les pregunta si han tenido éxito con la pesca. Ellos dicen que no. Entonces Jesús les dice que tiren la red al lado derecho de la barca. “Así lo hicieron, y era tal la cantidad de pescados que no podían sacar la red” (v.6). No puedo imaginar lo que los discípulos pensaron sobre esa experiencia y qué aprendieron de ella. Me gustaría creer que la próxima vez que se encontraron en una situación similar -repitiendo la misma tarea una y otra vez sin resultados – recordaron aquella noche en el Mar de Galilea y cómo un pequeño cambio marcó una gran diferencia.

Romper con los viejos hábitos y las rutinas desgastadas puede ser terriblemente difícil y aterrador, y un contratiempo difícil de afrontar. A menudo implica abandonar algo sin lo cual, en nuestro pensar, no podremos sobrevivir. Aunque, a fin de cuentas, si permanecemos en nuestra tozudez nos quedaremos sin nada, al igual que les estaba pasando a los discípulos.

Este nuevo año decidamos que cuando nos encontremos con una dificultad, nos imaginaremos a Jesús parado a la orilla, invitándonos a tirar la red al otro lado de la barca, más allá de nuestra lógica.

Aceptemos la invitación de Jesús para probar algo diferente. ¿Quién sabe lo bueno que puede resultar?

¿Qué mejor momento para dejar lo viejo y aceptar las nuevas oportunidades que Dios nos ofrece? No dejemos de tirar nuestras redes al otro lado de la barca.

Bendiciones