Uno puede razonar que Cristo podía tener la confianza de que era
escuchado porque siempre oraba dentro de la voluntad de Dios.
Muchos de nosotros estamos haciendo que la voluntad de Dios sea
mucho más difícil de encontrar de lo que realmente es. Si tenemos una
relación activa con Dios, y exponemos el corazón y la mente con regularidad
a su Palabra, nuestras oraciones generalmente van a caer dentro de los límites
de la voluntad de Dios.
Juan 15:7 nos presta este apoyo: “Si permanecen en mí y mis palabras
permanecen en ustedes, pidan lo que quieran, y se les concederá”. Dicho de
otra manera, las palabras de Dios funcionan drásticamente para amoldar
nuestros deseos a la voluntad de Dios. Eso es lo que el salmista quiere decir
cuando nos invita a deleitarnos en el Señor porque así Él concederá los deseos
de nuestro corazón (Salmo 37:4). Cuanto más controla el Señor nuestras
pasiones y nos llena la mente con su Palabra, más listos estamos para orar y
conseguir lo que deseamos.
¿Está ese viejo obstáculo arrastrándose en nuestra mente otra vez?
¿Estamos pensando como acorta la voluntad de Dios esa lista de oración que
ya tenemos preparada? ¡Vamos a la Escritura! El pueblo de Dios oraba por
cada cosa debajo del cielo. Sus peticiones no eran tan sólo religiosas en
naturaleza, ni tampoco estrictamente eternas en significado. Como muchas,
se referían a provisiones para aquí y ahora, y a desafíos terrenales inmediatos.
No necesitamos ir más allá. David oraba sobre amistades, enemigos,
traiciones, temores, necesidades, deseos, agravantes, irritaciones y
desilusiones. Y Dios escuchaba cada palabra porque fluía de un corazón que
ardía con el suyo.
¡Dejemos de hacer las cosas tan difíciles! Aunque no tengamos las
palabras correctas, si nuestro corazón está bien, Dios nos escucha. ¿Tenemos
sinceramente un corazón deseoso de Dios? ¿Estamos consumiendo su Palabra
con regularidad, y tratando de tener una íntima relación con Él, aunque
ninguno de nosotros puede decir que ha “llegado” (Fil.3:13)?
Entonces derramemos nuestro corazón ante Él. ¡Oremos sabiendo que
Dios nos escucha! Mientras tenga en Sus manos nuestro corazón, moldeará
nuestros deseos para acercarlos a los suyos, y Su voluntad para nuestra vida
nos hallará muy pronto

