Reflexiones

LA GLORIA ES SIEMPRE DEL ALTÍSIMO

“Me es grato darles a conocer las señales y maravillas
que el Dios Altísimo ha realizado en mi favor”.
Daniel 4:2

Nuestro muy sabio Dios sabe cómo la mente que Él creó aprende
mejor. Él nos instruye en su Palabra no sólo por medio de leyes y mandatos,
sino por medio de ejemplos de vidas con las que podemos identificarnos.
Personas reales de carne y hueso. Como supremo Maestro, Dios no sólo
dice, también muestra.

Nadie, rico ni pobre, poderoso u oprimido, sano o enfermo, esclavo o
libre, mujer o hombre, viejo o joven, negro o blanco, está exento de la
tentación al peligroso orgullo. El orgullo no es una circunstancia, es un
estado mental. Es un agente de Satanás que ataca a todos por igual; es su
especialidad absoluta. Podemos llegar a estar tan orgullosos de nuestra
autodisciplina, de nuestras ofrendas de sacrificios o de negarnos a nosotros
mismos, como de nuestros éxitos y bienes mundanos.

La cuestión es reconocer que muchas cosas inflan nuestro orgullo.
Nosotros los cristianos somos seducidos por diferentes cosas, como el
poder, dinero, apariencias y/o posición. Cualquiera de estas cosas se
encuentra tanto en las iglesias como en nuestra sociedad. En las personas
más “espirituales” Satanás usa carnadas espirituales, como la satisfacción
en las disciplinas espirituales.

Algunos egos se inflan por lo que hacen. Otros por lo que no hacen.
La mayoría de nosotros tenemos la tendencia a ser tentados por una de
esas trampas más que por la otra.

Nuestro propósito en la vida es exaltar a Dios; hacerlo famoso en la
tierra. Isaías 26.8 lo expresa así: “Si, en ti esperamos Señor, y en la senda
de tus juicios; tu nombre y tu memoria son el deseo de nuestra vida”
En la economía de Dios, la forma de subir es descender. Cuando Dios
nos mide, lo hace desde las rodillas hasta la punta de la cabeza, cada vez
somos más altos.