De niña pensaba que Dios era un anciano que vivía en el cielo y tenía una barba larga y
blanca. Era la imagen que uno veía en las iglesias, en cuadros o libros de religión. Al crecer y
llegar a conocer a Dios, lo ví de manera diferente.
Todos nos imaginamos a Dios de distintas maneras. La Biblia está llena de imágenes y
metáforas que nos muestran a Dios y sus atributos asombrosos. Las imágenes que
encontramos son el de una columna de fuego, una gallina madre, una roca, un castillo fuerte,
por nombrar algunos. Estas ideas nos llevan muchas veces a una conexión más profunda con
Dios y su amor por nosotros.
Si leemos en Deuteronomio 4:12 hace referencia al encuentro de los Israelitas con Dios
en Horeb, “Entonces el Señor les habló desde el fuego,… oyeron el sonido de las palabras, pero
no vieron forma alguna; sólo se oía una voz”. La expresión de la frase me pareció hermosa y
me puse a imaginar a Dios “sin forma”. Me pregunté porque me atraen ciertas imágenes y
cuáles de ellas son útiles y, quizás, más importantes y cuáles no.
No me parece mal imaginar a Dios de cierta forma; así funciona nuestro cerebro. Sin
embargo, hay peligro cuando tratamos de confinar a Dios en una sola imagen y moldearlo a la
forma que pensamos. Se vuelve más peligroso cuando comenzamos a creer que Dios piensa y
tiene nuestros mismos prejuicios. Nuestra mente y corazón nos llevan a pensar que Dios
puede empezar a guardar nuestros mismos resentimientos, tener antipatía hacia la misma
gente que nos cuesta amar.
La advertencia contra la idolatría que nos muestra el Señor es para hacernos conscientes
de que las imágenes de Dios son potencialmente dañinas para nosotros y para otras personas.
La Biblia nos recuerda una y otra vez que no existen límites para lo que Dios puede lograr. Dios
es mucho más de lo que podemos imaginar y obra de maneras asombrosas y misteriosas.
La grata noticia es para quien piense que Dios es indiferente y distante y poco compasivo
o que piense que Dios no le ama o no quiere entablar una relación. Dios es infinitamente más
amplio, más amoroso y compasivo de lo que podemos imaginar. Dios es más grande que
nuestra capacidad de comprender y/o entender plenamente

