….. ya no queda gente sincera en este mundo. No hacen sino mentirse unos a otros; sus labios lisonjeros hablan con doblez Salmo 12: 1b-2
El mundo en el que vivimos está repleto de mentiras. Si pensamos en la cantidad de falsedades, palabras aduladoras, manipulaciones, etc… que nos rodean, podemos comenzar a sentir miedo y parecer paranoicos.
El miedo puede paralizarnos o puede hacernos cínicos ante la vida y creer que ya no existe la verdad. Podemos creer que nada es objetivo en este mundo y que, por lo tanto, cada uno tiene su propia verdad. El poder de la lengua humana es inmenso. Las palabras pueden construir, como también fácilmente destruir. Civilizaciones enteras han desaparecido por creer falsedades.
En nuestro mundo los valores cristianos. con los cuales hemos construido nuestra sociedad, puede ser la siguiente en desaparecer, porque, en general, se han abandonado estos valores, le han dado la espalda a Dios y se desliza lamentablemente hacia un triste final. Y todo esto fue generado por las palabras de algunas personas. El Salmo 12, leído en la reunión de oración del jueves 25 de marzo, nos hace reflexionar acerca del poder de las palabras y como los cristianos encontramos en la Palabra de Dios la verdad. Un fundamento tan sólido que nos podrá sostener incluso cuando todas las civilizaciones se desmoronen.
Podemos escuchar hoy en día, políticos que suelen ser personas con excelentes habilidades lingüísticas y es triste ver como varios de ellos, las utilizan para engañar a la gente y dominarlas, todo para su propio beneficio.
En cierta forma todos somos así. En los políticos puede parecernos más evidente, porque están más expuestos a la opinión pública. Cuando el político obtiene ese poder que tanto desea, comienza a sentirse impune (Salmo 12:4). Pero no hay impunidad para Dios. Todo acto de injusticia es juzgado por Él.
La tecnología ciertamente ha incrementado el poder del hombre para cometer maldades. Hoy en día vemos la proliferación de mentiras que andan por las redes sociales y no podemos más que sentirnos sin rumbo. Pero si confiamos en la Palabra de Dios, no importan las mentiras del hombre, tendremos una base sólida para nuestra vida, y aunque estemos rodeados de mentiras, la verdad de Dios siempre prevalecerá, por los siglos de los siglos, Amén.
Compórtense sabiamente con los que no creen en Cristo, aprovechando al máximo cada momento oportuno. Que su conversación sea siempre amena y de buen gusto. Así sabrán cómo responder a cada uno. (Colonenses 4:5-6)

