Un yugo es una barra de madera que une a dos bueyes que tiran de una carga. Cuando un buey es más fuerte y uno más débil, o uno más grande y el otro es más pequeño; el buey más débil camina más lento, el más grande y fuerte va haciendo que la carga ande en círculos. Cuando los bueyes están en “yugo desigual”, no pueden realizar la tarea indicada. En vez de trabajar juntos, está el uno contra el otro.
La advertencia de Pablo en 2 Corintios 6:14-15 es parte del discurso más grande a la iglesia de Corinto sobre la vida cristiana.
Él los disuadió de estar en una asociación desigual con los incrédulos, porque los creyentes y los incrédulos son opuestos, como la luz y la oscuridad. Simplemente no tienen nada en común, como Cristo no tiene nada en común con la «indignidad o la vileza» «¿Qué armonía tiene Cristo con el diablo? (v.15).
La idea es que, en el mundo pagano, impío, incrédulo, se rigen por los principios de Satanás, y los cristianos deben estar (en el mundo), pero separados del mundo malvado, tal como Cristo lo hizo. Fue protegido de todos los propósitos y planes de Satanás.
Él no tenía ninguna participación en ellos, no formó ninguna unión con ellos, y así debe ser con nosotros los creyentes. El intentar vivir una vida cristiana con un “no” creyente, solo nos causará andar en círculos.
El «yugo desigual» a menudo se aplica a las relaciones comerciales. Entrar en una alianza (cristiano/incrédulo) es buscar el desastre. Tienen conceptos morales opuestos, y las decisiones empresariales que deben hacerse todos los días reflejarán la una o la otra. En una relación de trabajo, uno de los dos debe ceder para llegar a acuerdos. La mayoría de las veces, es el creyente que se encuentra presionado para abandonar sus principios cristianos en aras de la rentabilidad y el crecimiento del negocio.
Por supuesto, la alianza más cercana que una persona puede tener con otro se encuentra en el matrimonio, y así es como se interpreta generalmente el pasaje. El plan de Dios es que un hombre y una mujer se conviertan en «una sola carne» (Génesis 2:24), una relación tan íntima que uno literal y figurativamente se convierte en parte del otro. Uniendo un creyente con un incrédulo es esencialmente unir dos opuestos, y se hace una relación muy difícil.

