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EL CAMALEÓN – Parte 1: La Audición

Job 12:7-9 Pero interroga a los animales y ellos te darán una lección; pregunta
a las aves del cielo y ellas te lo contarán; habla con la tierra y ella te enseñará;
con los peces del mar y te lo harán saber. ¿Quién de todos ellos no sabe que
la mano del Señor ha hecho todo esto?

Y ¿qué nos dice la Palabra de Dios con respecto al camaleón? Pues, Levítico
11:29-30 “Entre los animales que se arrastran, ustedes considerarán impuros
a la comadreja, la rata, toda clase de lagartos, lagartija, la iguana, la
salamandra y el camaleón.

Lo que nos dice la Escritura es que el camaleón es un animal inmundo. Veamos el
concepto de la palabra inmundo inmundo (tame) – Esta raíz se limita al hebreo,
arameo y arábigo, aparece unas 160 veces en el hebreo bíblico. Una definición
generalizada de inmundo hace referencia a cualquier cosa, elemento y objeto en
general o también de un lugar, persona o animal que está lleno de basura, residuo
o alguna suciedad. Se dice de una persona impura o que es muy indecente,
deshonesto, corrompido o impío.

El camaleón tiene unas características peculiares, que si permitimos que aparezcan
en nuestra vida podrían ocasionar un desastre para tu vida y de los que están a tu
alrededor.

Pero ¿cómo saber si ya soy como uno o una? Veamos sus características e
identifiquemos si algunas o todas ellas nos describen.

EL CAMALEÓN NO TIENE EL SENTIDO AUDITIVO
Los camaleones perciben vibraciones, pero son sordos; o sea, no escuchan nada.
Apocalipsis 3:22 nos dice: «El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las
Iglesias.»

Cada vez que Jesús compartía una enseñanza, hacía énfasis en estas palabras. La
razón no era porque hubiese mucha gente por allí sorda, sino que habiendo muchos
con la capacidad auditiva, decidían hacerse de oídos sordos para no recibir la
enseñanza.

Jesús dijo lo siguiente: ¿Por qué no entienden mi modo de hablar? Porque no
pueden aceptar mi Palabra (Juan 8:43)

Job 12:7-9 Pero interroga a los animales y ellos te darán una lección; pregunta
a las aves del cielo y ellas te lo contarán; habla con la tierra y ella te enseñará;
con los peces del mar y te lo harán saber. ¿Quién de todos ellos no sabe que
la mano del Señor ha hecho todo esto?

Sabemos cuándo alguien no está escuchando la Palabra, porque su vida no
evidencia el aprendizaje de ella. Cuando escucho la enseñanza y la aplico a mi vida,
entonces comienza a observarse la transformación que opera esa Palabra.

¿Por qué no escuchan la Palabra? El asunto va mucho más allá del oído … veamos
Mateo 13:15 dice “Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible;
se le han tapado los oídos y se le han cerrado los ojos. De lo contrario, verían
con los ojos, oirían con los oídos, entenderían con el corazón se arrepentirían
y yo los sanaría.”

El pecado endurece el corazón del hombre. Cuando el corazón está endurecido, el
oído se ensordece y los ojos se ciegan. Dios quiere sanar tu vida, Dios quiere
libertarte … Dios quiere…… pero al final somos nosotros quienes decidimos si lo
oímos o no.

Jeremías 17:23 lo describe de la siguiente manera: «Pero ellos no me prestaron
atención ni me obedecieron, sino que se obstinaron y no quisieron escuchar
ni recibir corrección.”

Nosotros no debemos leer o escuchar la Palabra, como lo hacemos con una
enciclopedia, un diccionario o cualquier libro informativo; sino que acudimos a ella
para buscar corrección. La Biblia es como un espejo, que revela las arrugas, las
manchas, el pelo despeinado, para corregirlo. Si te miras al espejo cada día para
corregir lo externo, la pregunta es ¿por qué no te preocupas por corregir lo interno?

El principio hasta aquí es… Déjate corregir o terminarás siendo un camaleón.

En ocasiones, andamos quejándonos porque tenemos ese malestar, esa
incomodidad de que no somos escuchados por Dios. Sin embargo, analicemos
cómo ha de sentirse Dios con respecto de nosotros cuando no queremos
escucharle.

Jesús mismo dijo: “El que es de Dios, las palabras de Dios oyen.” Juan 8:47″
Los hijos de Dios tienen el oído ejercitado, disciplinado para escucharle, por lo cual
escuchan la voz de su pastor y le siguen (Juan 10:27). Entonces, no seamos
camaleones, seamos ovejas