“(ÉI) nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino conforme a su misericordia, por medio del lavamiento de la regeneración y la renovación por el Espíritu Santo, que Él derramó sobre nosotros abundantemente por medio de Jesucristo nuestro Salvador”
Tito 3:5-6
En una pequeña ciudad Del Valle andino, se tejen hermosas alfombras enteramente a mano. La lana de oveja recién esquilada se lava inmediatamente dentro de una olla de agua calentada al fuego. Luego se le agrega detergente para quitarle la suciedad y el aceite natural mientras se revuelve con una espátula de madera. Después, los trabajadores enjuagan la lana en el río.
Luego, los artesanos la examinan bien. Ponen a un lado la más blanca y pura para usarla en su color natural. La imperfecta se pone en otra olla y se calienta otra vez. Luego se le agregan tinturas para formar los colores necesarios.
Después del proceso de teñido, la lana es hilada a mano para formar hebras. La alfombra terminada tiene por lo menos 60.000 nudos por metro cuadrado atados a mano. Brillantes obras de arte en color y diseño se forman con lana pura y con la que fue alguna vez imperfecta. El teñido cubre todos los defectos y convierte la lana en algo útil y atractivo.
Cuando miramos nuestra propia vida vemos muchos defectos. Sin embargo, de la misma manera que la lana no puede cumplir con los requisitos de un blanco puro, todavía tenemos valor. Dios no solamente perdona nuestros pecados, sino que ÉI cubre nuestras imperfecciones con su presencia, y nos hace útiles y hermosas(os). AI presentarnos cada día delante de ÉI, nos convierte en parte del diseño de su perfecta voluntad.
Ninguno de nosotros tiene una vida tan manchada de pecado que no pueda ser usada por Dios. Nuestro valor no viene de lo que somos o quienes somos, sino de lo que Dios hace por nosotros.
Señor, ayúdanos a confiar en que Tú nos formarás a la imagen de Jesús. Amén

